Fundación Ortega Gasset-Gregorio Marañón

Del error médico y el aprendizaje práctico: ¿Cómo se maneja el error en el aprendizaje médico?

AUTOR.- Alfonso Gotor Rivera
Cargo.-Estudiante Facultad de Medicina de la UCM. Hospital Universitario 12 de Octubre

La ética de la virtud establece como valor supremo, en este caso, del médico, a la phronesis o razón práctica. Esta, básicamente, es la capacidad del médico de determinar el curso correcto ante cada situación que se le plantea en su práctica diaria. Por otro lado, Oscar Wilde es el autor de la conocida frase “Experiencia es el nombre que damos a nuestros errores”. Por último, el ser humano es falible por naturaleza, lo que también incluye a los médicos.

Aprendemos haciendo
El aprendizaje se basa en la práctica de los conocimientos teóricos memorizados. Es comprensible que los estudiantes puedan cometer errores y esperable. El principal problema en Medicina es que los errores suponen un riesgo, hasta potencialmente mortal, para los pacientes sobre los que se practica. Como no existe una alternativa válida que pueda sustituir la práctica sobre el paciente vivo y como los propios médicos pueden cometer errores durante su trabajo, nuestro objetivo debe ser mantener un equilibrio entre el aprendizaje práctico y la seguridad para los pacientes.
Manejo de los errores del médico
El manejo del error médico se puede dividir entre dos modelos. El modelo personal clásico ha sido el imperativo durante la mayor parte de la historia, no solo de la Medicina, sino también de la humanidad. Este se basa en una conducta punitiva, pero no ha demostrado eficacia en el principal objetivo del manejo del error, que no es otro que prevenirlo.
Por otro lado, el modelo sistemático, desarrollado por James Reason, supone un cambio en la estrategia de actuación, lo que se busca es modificar la forma de actuar para minimizar la ocurrencia de errores esperables. Esta estrategia, por lo tanto, se basa en identificar las causas raíz y modificarlas para prevenir nuevos errores. Se trata de un modelo proactivo más que reactivo.
Consejos para mejorar
Una manera de evitar errores que ha demostrado buenos resultados es mediante el uso de tecnologías de simulación. Esto permite practicar procedimientos complejos previos a la actuación sobre el paciente vivo y repasar errores comunes que se cometen para incidir sobre ellos. El resultado que se logra con estas medidas es la interiorización de las actuaciones médicas para depender menos de las decisiones personales.
Claramente este sistema no es perfecto y se apoya sobre manera en la memoria del médico, que debe aprender algoritmos de actuación con la esperanza de poder ponerlos en práctica en la vida real. Sin embargo, ha demostrado buenos resultados y permite una formación estandarizada y equitativa para estudiantes y profesionales.
El aprendizaje en medicina demanda evolucionar hacía un modelo más completo, que combine el aprendizaje con el uso de la simulación puede resultar más completo. No obstante, en mi opinión es todavía incompleto. Una simulación, por muy realista que sea nunca logrará alcanzar la complejidad de una situación real. Es irreal el generar un error y trabajar sobre ese caso, porque el paciente no es un maniquí, sino que tiene una mayor complejidad, con una personalidad y una familia.
Probablemente, por estas limitaciones, las tecnologías de simulación se han aplicado a situaciones de emergencia, donde el paciente suele ser un sujeto completamente pasivo sobre el que se debe actuar de una forma muy agresiva.
Sin embargo, la práctica médica no se basa sólo en actuaciones de emergencia, sino en la relación continua con el paciente. En esta situación cobra importancia la visión clásica de la ética de la virtud. La tecnología es un gran apoyo, pero no por ello debemos abandonar herramientas que han servido de ayuda durante siglos.
En conclusión, actualmente, el manejo del error médico en el aprendizaje médico es escaso, limitado a una visión puramente legalista y punitiva. Resulta de vital importancia introducir de forma precoz la cultura de seguridad del paciente, no como contenido teórico, sino como forma de aprendizaje práctico, transversal a todas las asignaturas de la carrera y embebido en el sistema de evaluación.