Fundación Ortega Gasset-Gregorio Marañón

Mujeres y resiliencia

La capacidad para hacer frente a las adversidades, aprender de ellas, superarlas y conseguir un beneficio o cambio para mejorar. Eso es la resiliencia.

La persona resiliente tiene unas características que la identifican: Autoestima, empatía, autonomía, creatividad, voluntad, responsabilidad, optimismo, adaptación al cambio e introspección.

Pues bien, las mujeres estamos especialmente dotadas para esto que Don Quijote llamaba “sacar fuerzas de flaquezas”.

Esta resiliencia que se aprende y se desarrolla quizá nosotras la tenemos en mayor grado, probablemente, porque hemos tenido las cosas más difíciles.

Esto nos ha hecho fuertes que no duras y nos ha permitido, en muchas ocasiones, transformar los problemas en oportunidades.

En nuestras reivindicaciones no queremos partir de una queja, sino del aprendizaje que nos da esa superación de nuestros obstáculos. Para ello es importante destacar como mujeres resilientes y valientes han conseguido llegar a sus metas más exigentes. El elemento ejemplarizante es esencial, hay que tener referentes; mujeres que con su valía, constancia y superación de situaciones difíciles nos hacen ver que cualquier objetivo es posible.

Es necesario que tengamos confianza y respeto por nosotras mismas con una valoración positiva de lo que hacemos y cómo lo hacemos. Una alta autoestima.

Hay que fomentar nuestra innata habilidad para reconocer, comprender y apreciar los sentimientos de los demás.

Para poder valorar, incluso entender, situaciones y actuaciones; y siempre hay que ponerse en el lugar del otro, la empatía nos hace preguntarnos qué hubiéramos hecho nosotras en las mismas circunstancias.

Hay que tener autonomía, esto es no depender de nadie, lo que nos dará independencia, pero sin olvidar que es posible y conveniente, en ocasiones, pedir ayuda sin que ello signifique falta de competencia o capacitación.

El buen humor es una actitud ante la vida que hace que podamos superar situaciones dolorosas y que mejoremos nuestra calidad de vida. Esto también es importante.

La capacidad de creación, el pensamiento original, la intuición y la alta capacidad de asociación nos hace ser mas perceptivas y tener mejor capacidad crítica.

La voluntad como esfuerzo, la proactividad y dirigir nuestras fuerzas para conseguir algo supone una de las conductas que nos hacen conseguir mayores y mejores resultados.

El ser responsable que supone reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente; es tener capacidad de respuesta, cumplir con las obligaciones y tener cuidado en lo que se hace o decide.

No debemos olvidar que es importante ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable, esto es el optimismo.
Si nuestras expectativas son buenas nos irá bien con toda seguridad.
El optimismo además es contagioso.

La capacidad de proporcionar una respuesta adecuada y coherente a cada circunstancia es una conducta que solo nos proporcionará ventajas.

Para ello hay que contar con flexibilidad capacidad de aprendizaje, de reacción y recuperación y sobre todo habilidad para aprender de los errores. Esto es adaptación al cambio.

Y por último la introspección, mirar hacia dentro o el conocimiento de nosotras mismas nos hará lograr las mayores cotas de éxitos, es importante saber para que valemos y en que podemos ser útiles a la sociedad.

Para tener un comportamiento resiliente hay que afrontar las situaciones adversas que la vida plantea, enfrentándonos a la realidad sin postergar las decisiones pues hay que tomar decisiones aún con el riesgo de equivocarse. La persona resiliente no se rinde y se marca objetivos realizables, tiene una vida optimista y cualquier información o comunicación se traduce en positivo.

Son capaces de cambiar y se esfuerzan y confían en solucionar los problemas y saben gestionar de manera positiva las relaciones.
Tienen una ambición sana con generosidad y disposición para aprender.

Y teniendo una adecuada valoración de sus fortalezas y debilidades poseen un gran sentido del compromiso y la responsabilidad.

Todas estas cualidades, que hay que entrenar, pero que en mayor o menor medida tenemos pueden hacer llegar a la mujer resiliente a todo aquello que se proponga con una ambición sana y dirigida por unos valores y principios que nunca deben faltar.