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La exposición de la Residencia de Señoritas vuelve a abrir sus puertas

 

La España de comienzos del siglo XX vio nacer la Residencia de Señoritas, una institución pionera de formación femenina que fomentó la independencia social, la realización personal y el empoderamiento económico de muchas mujeres.

La Fundación Ortega-Marañón continúa rindiéndole homenaje con la prórroga de la exposición temporal Motor de igualdad. La Residencia de Señoritas (1915-1936). La muestra podrá visitarse hasta el próximo 14 de octubre en el nuevo Espacio Cultural Ortega-Marañón, un ambicioso proyecto fruto de la rehabilitación y ampliación de los edificios históricos situados en la madrileña calle de Fortuny 5 como nuevo lugar de encuentro para la cultura y el pensamiento.

La Residencia de Señoritas: motor de igualdad

Consolidada como uno de los centros de formación superior más vanguardistas de su época, la Residencia de Señoritas permitió a muchas jóvenes acceder a estudios universitarios y profesiones que, hasta entonces, eran prácticamente inaccesibles para ellas.

María de Maeztu, humanista y pedagoga, fue su directora durante los casi 22 años que estuvo operativa, siendo su principal impulsora. Recibía a todas las alumnas nuevas a su ingreso, y se hacía cargo personalmente de su progreso dentro de la institución. No obstante, existían muchas normas y la exigencia era alta, pues no era fácil en la época hacer entender que había mujeres que querían emancipar sus voluntades.

María de Maeztu leyendo

Las mañanas de lunes a sábado se dedicaban al estudio reglado. Las tardes se destinaban al refuerzo de materias o a actividades complementarias, como clases de idiomas, música, danza o deportes. Entre los servicios que ofrecía la Residencia de Señoritas destacaba el laboratorio de química, creado con la colaboración de entidades educativas norteamericanas como el International Institute for Girls in Spain, que permitió el intercambio de profesoras y alumnas entre ambos países.

Una de ellas fue la doctora en Química Mary Louise Foster, fundadora y directora del primer laboratorio dedicado exclusivamente a formar mujeres en España. Por él pasaron mujeres como la pionera Dorotea Barnés González, que introdujo técnicas como la espectroscopia Raman –fundamental para la determinación de la estructura del átomo–; o Felisa Martín Bravo, la primera doctora española en Física. 

Laboratorio Foster

Tiempo para lo académico, lo cívico… y el ocio

Todas las tardes, a las cinco y media, tenía lugar el ritual del té. Este momento de encuentro, que no paralizaba la actividad académica, se prolongaba cuando había invitados especiales. Algunos de ellos fueron Marie Curie, Clara Campoamor, Victoria Kent, Ortega y Gasset o Gregorio Marañón, quienes además de dar sus conferencias se tomaban el té con las estudiantes.

Además de proporcionar una educación académica y cívica, la Residencia de Señoritas se convirtió en un espacio de gran actividad intelectual al que acudían personajes de primera línea en ámbitos como la ciencia, el arte o la literatura. Uno de estos encuentros históricos tuvo lugar en 1932, cuando Federico García Lorca estrenó en una conferencia recital Poeta en Nueva York, obra póstuma que se publicaría en 1940, cuatro años después de su asesinato.

El tiempo de ocio también formaba parte de la vida de las residentes. En esos momentos podían disfrutar de actividades culturales dentro y fuera de la casa, además de viajes y fiestas. Algunas de estas visitas se realizaban en Madrid y sus alrededores, en lugares con un gran patrimonio histórico-artístico como El Escorial, Toledo o Segovia. Más adelante se amplió la distancia de estos destinos, llegando a Andalucía, Barcelona o Marruecos. 

Una de las clases de la Residencia de Señoritas

El Carnaval o la Noche de Difuntos eran algunas de las ocasiones en las que se organizaban fiestas. Esta práctica les permitía desenvolverse en un contexto que era desconocido para muchas. No obstante, aunque las residentes podían invitar a chicos, era imprescindible el permiso de la familia y de la directora. 

La reconversión de la Residencia de Señoritas

El cierre de la Residencia, consecuencia del estallido de la Guerra Civil en 1936, suspendió un proyecto que durante 22 años había sido pionero. Los edificios fueron incautados y reutilizados con diferentes fines derivados de la guerra –hospital, refugio e instituto, entre otros–. Tras el conflicto bélico, volvió a abrir sus puertas bajo el nombre de Colegio Mayor Santa Teresa, dependiendo de la Sección Femenina de Falange.

Sus contenidos pedagógicos y educativos nada tenían que ver con la anterior etapa de María de Maeztu, y sus principios quedaron alejados de los originales. En los años 80, con la apertura de la nueva sede del Colegio Mayor en la ciudad Universitaria y diferentes acuerdos con el Ministerio de Cultura, la que fuera Residencia de Señoritas pasó a ser sede de la Fundación Ortega y Gasset, hoy ya Fundación Ortega-Marañón.

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La exposición de la Residencia de Señoritas vuelve a abrir sus puertas

 

La España de comienzos del siglo XX vio nacer la Residencia de Señoritas, una institución pionera de formación femenina que fomentó la independencia social, la realización personal y el empoderamiento económico de muchas mujeres.

La Fundación Ortega-Marañón continúa rindiéndole homenaje con la prórroga de la exposición temporal Motor de igualdad. La Residencia de Señoritas (1915-1936). La muestra podrá visitarse hasta el próximo 14 de octubre en el nuevo Espacio Cultural Ortega-Marañón, un ambicioso proyecto fruto de la rehabilitación y ampliación de los edificios históricos situados en la madrileña calle de Fortuny 5 como nuevo lugar de encuentro para la cultura y el pensamiento.

La Residencia de Señoritas: motor de igualdad

Consolidada como uno de los centros de formación superior más vanguardistas de su época, la Residencia de Señoritas permitió a muchas jóvenes acceder a estudios universitarios y profesiones que, hasta entonces, eran prácticamente inaccesibles para ellas.

María de Maeztu, humanista y pedagoga, fue su directora durante los casi 22 años que estuvo operativa, siendo su principal impulsora. Recibía a todas las alumnas nuevas a su ingreso, y se hacía cargo personalmente de su progreso dentro de la institución. No obstante, existían muchas normas y la exigencia era alta, pues no era fácil en la época hacer entender que había mujeres que querían emancipar sus voluntades.

María de Maeztu leyendo

Las mañanas de lunes a sábado se dedicaban al estudio reglado. Las tardes se destinaban al refuerzo de materias o a actividades complementarias, como clases de idiomas, música, danza o deportes. Entre los servicios que ofrecía la Residencia de Señoritas destacaba el laboratorio de química, creado con la colaboración de entidades educativas norteamericanas como el International Institute for Girls in Spain, que permitió el intercambio de profesoras y alumnas entre ambos países.

Una de ellas fue la doctora en Química Mary Louise Foster, fundadora y directora del primer laboratorio dedicado exclusivamente a formar mujeres en España. Por él pasaron mujeres como la pionera Dorotea Barnés González, que introdujo técnicas como la espectroscopia Raman –fundamental para la determinación de la estructura del átomo–; o Felisa Martín Bravo, la primera doctora española en Física. 

Laboratorio Foster

Tiempo para lo académico, lo cívico… y el ocio

Todas las tardes, a las cinco y media, tenía lugar el ritual del té. Este momento de encuentro, que no paralizaba la actividad académica, se prolongaba cuando había invitados especiales. Algunos de ellos fueron Marie Curie, Clara Campoamor, Victoria Kent, Ortega y Gasset o Gregorio Marañón, quienes además de dar sus conferencias se tomaban el té con las estudiantes.

Además de proporcionar una educación académica y cívica, la Residencia de Señoritas se convirtió en un espacio de gran actividad intelectual al que acudían personajes de primera línea en ámbitos como la ciencia, el arte o la literatura. Uno de estos encuentros históricos tuvo lugar en 1932, cuando Federico García Lorca estrenó en una conferencia recital Poeta en Nueva York, obra póstuma que se publicaría en 1940, cuatro años después de su asesinato.

El tiempo de ocio también formaba parte de la vida de las residentes. En esos momentos podían disfrutar de actividades culturales dentro y fuera de la casa, además de viajes y fiestas. Algunas de estas visitas se realizaban en Madrid y sus alrededores, en lugares con un gran patrimonio histórico-artístico como El Escorial, Toledo o Segovia. Más adelante se amplió la distancia de estos destinos, llegando a Andalucía, Barcelona o Marruecos. 

Una de las clases de la Residencia de Señoritas

El Carnaval o la Noche de Difuntos eran algunas de las ocasiones en las que se organizaban fiestas. Esta práctica les permitía desenvolverse en un contexto que era desconocido para muchas. No obstante, aunque las residentes podían invitar a chicos, era imprescindible el permiso de la familia y de la directora. 

La reconversión de la Residencia de Señoritas

El cierre de la Residencia, consecuencia del estallido de la Guerra Civil en 1936, suspendió un proyecto que durante 22 años había sido pionero. Los edificios fueron incautados y reutilizados con diferentes fines derivados de la guerra –hospital, refugio e instituto, entre otros–. Tras el conflicto bélico, volvió a abrir sus puertas bajo el nombre de Colegio Mayor Santa Teresa, dependiendo de la Sección Femenina de Falange.

Sus contenidos pedagógicos y educativos nada tenían que ver con la anterior etapa de María de Maeztu, y sus principios quedaron alejados de los originales. En los años 80, con la apertura de la nueva sede del Colegio Mayor en la ciudad Universitaria y diferentes acuerdos con el Ministerio de Cultura, la que fuera Residencia de Señoritas pasó a ser sede de la Fundación Ortega y Gasset, hoy ya Fundación Ortega-Marañón.

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