El Instituto Universitario Ortega-Marañón clausura el curso académico con la conferencia magistral de la escritora Remedios Zafra
La escritora Remedios Zafra, especialista en el estudio crítico de la cultura contemporánea, invita a la nueva promoción de egresados a no acostumbrarse nunca a la injusticia y el compromiso público.
El Instituto Universitario de Investigación Ortega-Marañón ha clausurado el curso académico 2025-2026 con un acto marcado por el reconocimiento al esfuerzo del estudiantado, la reivindicación de una experiencia universitaria integral y una reflexión de fondo sobre el valor del pensamiento crítico en un tiempo atravesado por la aceleración, la simplificación y el desgaste de lo público. La ceremonia reunió en la sede de la Fundación Ortega-Marañón a estudiantes, profesorado, direcciones académicas, familias y representantes institucionales en una jornada concebida no solo como cierre de etapa, sino también como punto de partida de una nueva vinculación con la comunidad académica del Instituto.
Durante su intervención, la directora general de la Fundación Ortega-Marañón, Lucía Sala, subrayó que el objetivo del Instituto no puede limitarse a la docencia entendida como lo que sucede exclusivamente dentro del aula. Reivindicó, en ese sentido, una formación avanzada en la que investigación, cultura, debate intelectual y sentido de comunidad se refuercen mutuamente, y defendió que estudiar en el Instituto significa también participar en una comunidad intelectual abierta, plural y exigente. Sala puso además el acento en la atención personalizada, la cercanía académica y la vocación internacional como rasgos distintivos del proyecto educativo.
La directora general recordó asimismo la dimensión y diversidad de la actividad académica del Instituto, que cuenta actualmente con dos programas de doctorado, siete másteres oficiales y once másteres profesionalizantes, con más de 500 estudiantes, muchos de ellos vinculados a programas virtuales o impartidos directamente en países de América Latina. A esa estructura se suman los cursos de especialización y formación continua, que, según destacó, expresan una convicción central de la institución: que el aprendizaje no concluye con la obtención de un título, sino que acompaña a las personas a lo largo de toda su trayectoria profesional y vital.
En un discurso centrado en la continuidad entre formación y responsabilidad pública, la directora definió el Instituto como parte de un ecosistema educativo Ortega-Marañón en el que se articulan docencia, investigación, actividad cultural, redes de egresados y alianzas internacionales. También animó a la promoción saliente a mantener vivo su vínculo con la institución a través de la red Alumni y a seguir considerando la Fundación y el Instituto como una casa intelectual abierta al reencuentro, la reflexión y el impulso de nuevos proyectos.
La voz del estudiantado estuvo representada por Angélica Chavarría Aguilar, alumna del máster en Cooperación Internacional, que trazó una intervención de fuerte tono generacional y ético. En su discurso, vinculó la diversidad de los programas cursados con la complejidad del mundo contemporáneo y sostuvo que la cultura, la cooperación y las instituciones democráticas son herramientas imprescindibles para construir sociedades más abiertas, más humanas y más justas. Desde una experiencia compartida por estudiantes procedentes de Europa, América Latina, África y Asia, reivindicó el paso por el Instituto como una experiencia de comunidad, arraigo y apertura intelectual.
Chavarría insistió, además, en que la clausura no simbolizaba únicamente el final de una etapa académica, sino el comienzo de una responsabilidad mayor. Frente a la intolerancia, el autoritarismo o el repliegue nacionalista, defendió la necesidad de conjugar preparación técnica, conciencia social y sentido ético. Su intervención situó en el centro no solo lo aprendido, sino la forma en que ese conocimiento deberá ponerse al servicio de los demás.
Uno de los momentos centrales del acto fue la conferencia de clausura de Remedios Zafra, investigadora del Instituto de Filosofía del CSIC, ensayista y pensadora de referencia en el análisis de la cultura digital, el trabajo creativo y los estudios de género. En su presentación, el Instituto destacó el conjunto de una obra atravesada por cuestiones como la contradicción, la fragilidad contemporánea, la hiperconectividad, la precarización y la posibilidad de pensar desde la esperanza y la alegría en tiempos complejos.
En una intervención de gran densidad reflexiva, Zafra articuló su conferencia en torno a la idea de la “alegría de la conciencia”, entendida no como satisfacción superficial o complacencia instantánea, sino como una forma de plenitud que nace del esfuerzo de comprender, de sostener la complejidad y de no delegar el pensamiento en los automatismos de la época. Frente a un presente dominado por la prisa, la fragmentación de la atención y la simplificación del juicio, defendió el valor de la lentitud, la duda, la lectura atenta y el compromiso con lo público. Su apelación final, dirigida a la promoción que concluye sus estudios, condensó el núcleo ético de toda la conferencia: no acostumbrarse nunca a la injusticia.
La conferencia vinculó de forma directa la formación recibida en el Instituto con los desafíos de la vida pública contemporánea. Zafra subrayó que profesiones ligadas a la cultura, la bioética, las políticas públicas, la cooperación, las migraciones, la seguridad o la gestión institucional comparten hoy una misma tarea: trabajar contra la simplificación y sostener la complejidad del mundo desde la responsabilidad, el criterio y la conciencia. En esa línea, definió el paso por los másteres como una defensa activa del tiempo necesario para pensar, leer, escuchar y construir juicio propio en una época que parece haber declarado la guerra al pensamiento.
El acto concluyó con la imposición de bandas y la entrega de diplomas a los estudiantes de los programas de Cooperación Internacional y Gestión de Políticas Públicas, Cultura Contemporánea, Gobierno y Administración Pública, Gestión de Seguridad, Crisis y Emergencias, y Políticas y Gestión de las Migraciones Internacionales y el Asilo. Con ello, el Instituto puso fin al curso 2025-2026 con una ceremonia que combinó celebración, gratitud y exigencia intelectual, y que proyectó sobre la nueva promoción una idea clara de pertenencia: la de formar parte de una tradición académica que entiende el conocimiento como encuentro, responsabilidad y acción.
Conoce los programas formativos del Instituto Universitario de Investigación Ortega-Marañón
El Instituto Universitario Ortega-Marañón clausura el curso académico con la conferencia magistral de la escritora Remedios Zafra
La escritora Remedios Zafra, especialista en el estudio crítico de la cultura contemporánea, invita a la nueva promoción de egresados a no acostumbrarse nunca a la injusticia y el compromiso público.
El Instituto Universitario de Investigación Ortega-Marañón ha clausurado el curso académico 2025-2026 con un acto marcado por el reconocimiento al esfuerzo del estudiantado, la reivindicación de una experiencia universitaria integral y una reflexión de fondo sobre el valor del pensamiento crítico en un tiempo atravesado por la aceleración, la simplificación y el desgaste de lo público. La ceremonia reunió en la sede de la Fundación Ortega-Marañón a estudiantes, profesorado, direcciones académicas, familias y representantes institucionales en una jornada concebida no solo como cierre de etapa, sino también como punto de partida de una nueva vinculación con la comunidad académica del Instituto.
Durante su intervención, la directora general de la Fundación Ortega-Marañón, Lucía Sala, subrayó que el objetivo del Instituto no puede limitarse a la docencia entendida como lo que sucede exclusivamente dentro del aula. Reivindicó, en ese sentido, una formación avanzada en la que investigación, cultura, debate intelectual y sentido de comunidad se refuercen mutuamente, y defendió que estudiar en el Instituto significa también participar en una comunidad intelectual abierta, plural y exigente. Sala puso además el acento en la atención personalizada, la cercanía académica y la vocación internacional como rasgos distintivos del proyecto educativo.
La directora general recordó asimismo la dimensión y diversidad de la actividad académica del Instituto, que cuenta actualmente con dos programas de doctorado, siete másteres oficiales y once másteres profesionalizantes, con más de 500 estudiantes, muchos de ellos vinculados a programas virtuales o impartidos directamente en países de América Latina. A esa estructura se suman los cursos de especialización y formación continua, que, según destacó, expresan una convicción central de la institución: que el aprendizaje no concluye con la obtención de un título, sino que acompaña a las personas a lo largo de toda su trayectoria profesional y vital.
En un discurso centrado en la continuidad entre formación y responsabilidad pública, la directora definió el Instituto como parte de un ecosistema educativo Ortega-Marañón en el que se articulan docencia, investigación, actividad cultural, redes de egresados y alianzas internacionales. También animó a la promoción saliente a mantener vivo su vínculo con la institución a través de la red Alumni y a seguir considerando la Fundación y el Instituto como una casa intelectual abierta al reencuentro, la reflexión y el impulso de nuevos proyectos.
La voz del estudiantado estuvo representada por Angélica Chavarría Aguilar, alumna del máster en Cooperación Internacional, que trazó una intervención de fuerte tono generacional y ético. En su discurso, vinculó la diversidad de los programas cursados con la complejidad del mundo contemporáneo y sostuvo que la cultura, la cooperación y las instituciones democráticas son herramientas imprescindibles para construir sociedades más abiertas, más humanas y más justas. Desde una experiencia compartida por estudiantes procedentes de Europa, América Latina, África y Asia, reivindicó el paso por el Instituto como una experiencia de comunidad, arraigo y apertura intelectual.
Chavarría insistió, además, en que la clausura no simbolizaba únicamente el final de una etapa académica, sino el comienzo de una responsabilidad mayor. Frente a la intolerancia, el autoritarismo o el repliegue nacionalista, defendió la necesidad de conjugar preparación técnica, conciencia social y sentido ético. Su intervención situó en el centro no solo lo aprendido, sino la forma en que ese conocimiento deberá ponerse al servicio de los demás.
Uno de los momentos centrales del acto fue la conferencia de clausura de Remedios Zafra, investigadora del Instituto de Filosofía del CSIC, ensayista y pensadora de referencia en el análisis de la cultura digital, el trabajo creativo y los estudios de género. En su presentación, el Instituto destacó el conjunto de una obra atravesada por cuestiones como la contradicción, la fragilidad contemporánea, la hiperconectividad, la precarización y la posibilidad de pensar desde la esperanza y la alegría en tiempos complejos.
En una intervención de gran densidad reflexiva, Zafra articuló su conferencia en torno a la idea de la “alegría de la conciencia”, entendida no como satisfacción superficial o complacencia instantánea, sino como una forma de plenitud que nace del esfuerzo de comprender, de sostener la complejidad y de no delegar el pensamiento en los automatismos de la época. Frente a un presente dominado por la prisa, la fragmentación de la atención y la simplificación del juicio, defendió el valor de la lentitud, la duda, la lectura atenta y el compromiso con lo público. Su apelación final, dirigida a la promoción que concluye sus estudios, condensó el núcleo ético de toda la conferencia: no acostumbrarse nunca a la injusticia.
La conferencia vinculó de forma directa la formación recibida en el Instituto con los desafíos de la vida pública contemporánea. Zafra subrayó que profesiones ligadas a la cultura, la bioética, las políticas públicas, la cooperación, las migraciones, la seguridad o la gestión institucional comparten hoy una misma tarea: trabajar contra la simplificación y sostener la complejidad del mundo desde la responsabilidad, el criterio y la conciencia. En esa línea, definió el paso por los másteres como una defensa activa del tiempo necesario para pensar, leer, escuchar y construir juicio propio en una época que parece haber declarado la guerra al pensamiento.
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