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La Fundación Ortega-Marañón acoge la presentación del informe del PNUD sobre democracia y desarrollo en América Latina y el Caribe

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La Fundación Ortega-Marañón acogió en su espacio cultural la presentación del informe sobre democracia y desarrollo en América Latina y el Caribe impulsado por el PNUD junto a Grupo Prisa, con el apoyo de la propia Fundación. El encuentro reunió a responsables institucionales, representantes de organismos multilaterales, centros de pensamiento y actores de la cooperación para reflexionar sobre el estado de la democracia en la región en un contexto marcado por transformaciones políticas, sociales y tecnológicas de gran intensidad.

En la apertura, la directora general de la Fundación Ortega-Marañón, Lucía Sala, subrayó el significado especial de la cita para una institución que se reivindica como espacio de pensamiento, conversación y encuentro entre España, América Latina y la Unión Europea. Sala defendió la necesidad de abordar la democracia no solo como un conjunto de procedimientos o instituciones, sino como capacidad de escucha, garantía de derechos, construcción de acuerdos, confianza pública y presencia efectiva del Estado en la vida de las personas. En esa línea, situó el debate en un escenario atravesado por la polarización, la desinformación, el crimen organizado, la corrupción, la migración forzada, el cambio climático y la incertidumbre internacional.

La secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Eva Granados, insistió en que el informe llega en un momento especialmente pertinente y defendió una lectura compartida de democracia y desarrollo como dos caras de una misma moneda. A su juicio, el gran riesgo no es solo el avance del autoritarismo explícito, sino también el desgaste silencioso de la confianza pública, agravado por el aumento de la desigualdad, la inseguridad y la percepción de que las instituciones no responden a las demandas sociales. Desde esa perspectiva, reivindicó el papel de la cooperación española en la construcción de consensos, el fortalecimiento institucional y la articulación de espacios de diálogo social en la región.

Uno de los momentos centrales del acto fue la intervención de Michelle Muschett, subsecretaria general de Naciones Unidas y directora regional del PNUD para América Latina y el Caribe, que presentó el informe como una invitación a transformar la presión sobre las democracias en impulso de renovación. La dirigente del PNUD recordó que América Latina y el Caribe sigue siendo la región en desarrollo más democrática del mundo, con más de cuatro de cada cinco ciudadanos viviendo en países con gobiernos elegidos democráticamente, pero advirtió de que esa fortaleza convive con una creciente insatisfacción ciudadana y con democracias cuyas tareas pendientes siguen siendo profundas.

El diagnóstico fue desarrollado con más detalle por Almudena Fernández, economista jefa del Buró del PNUD para América Latina y el Caribe. Su presentación identificó cinco presiones emergentes que están tensionando la relación entre democracia, desarrollo humano y Estado: la polarización extrema, el impacto de la inteligencia artificial y las redes sociales sobre la deliberación pública, el avance del crimen organizado, la movilidad humana y la triple crisis planetaria. A ello se suman problemas estructurales no resueltos, como la desigualdad, la debilidad de los partidos políticos, la limitada inclusión política de determinados grupos y la percepción creciente de la corrupción.

El encuentro concluyó con un panel de alto nivel moderado por Erika Rodríguez,  directora de la Fundación Carolina, con la participación de Susana Malcorra, ex ministra de Relaciones Exteriores de Argentina; Antón Leis, director de la AECID, y Cristian Asinelli, Vicepresidente Corporativo de Programación Estratégica CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, centrado en la necesidad de construir alianzas, reforzar capacidades estatales y renovar la legitimidad democrática desde la cooperación, la política pública y las instituciones financieras regionales. Más allá del diagnóstico, la jornada dejó una idea de fondo: que la democracia en América Latina y el Caribe necesita hoy no solo ser defendida, sino también repensada y fortalecida desde una agenda compartida de desarrollo, justicia y acción colectiva.

La presentación del Informe concluyó con unas palabras del politólogo Fernando Vallespín, patrono de la Fundación Ortega-Marañón y director de Revista de Occidente.
Fotografías: Daniel Fernández
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En la apertura, la directora general de la Fundación Ortega-Marañón, Lucía Sala, subrayó el significado especial de la cita para una institución que se reivindica como espacio de pensamiento, conversación y encuentro entre España, América Latina y la Unión Europea. Sala defendió la necesidad de abordar la democracia no solo como un conjunto de procedimientos o instituciones, sino como capacidad de escucha, garantía de derechos, construcción de acuerdos, confianza pública y presencia efectiva del Estado en la vida de las personas. En esa línea, situó el debate en un escenario atravesado por la polarización, la desinformación, el crimen organizado, la corrupción, la migración forzada, el cambio climático y la incertidumbre internacional.

La secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Eva Granados, insistió en que el informe llega en un momento especialmente pertinente y defendió una lectura compartida de democracia y desarrollo como dos caras de una misma moneda. A su juicio, el gran riesgo no es solo el avance del autoritarismo explícito, sino también el desgaste silencioso de la confianza pública, agravado por el aumento de la desigualdad, la inseguridad y la percepción de que las instituciones no responden a las demandas sociales. Desde esa perspectiva, reivindicó el papel de la cooperación española en la construcción de consensos, el fortalecimiento institucional y la articulación de espacios de diálogo social en la región.

Uno de los momentos centrales del acto fue la intervención de Michelle Muschett, subsecretaria general de Naciones Unidas y directora regional del PNUD para América Latina y el Caribe, que presentó el informe como una invitación a transformar la presión sobre las democracias en impulso de renovación. La dirigente del PNUD recordó que América Latina y el Caribe sigue siendo la región en desarrollo más democrática del mundo, con más de cuatro de cada cinco ciudadanos viviendo en países con gobiernos elegidos democráticamente, pero advirtió de que esa fortaleza convive con una creciente insatisfacción ciudadana y con democracias cuyas tareas pendientes siguen siendo profundas.

El diagnóstico fue desarrollado con más detalle por Almudena Fernández, economista jefa del Buró del PNUD para América Latina y el Caribe. Su presentación identificó cinco presiones emergentes que están tensionando la relación entre democracia, desarrollo humano y Estado: la polarización extrema, el impacto de la inteligencia artificial y las redes sociales sobre la deliberación pública, el avance del crimen organizado, la movilidad humana y la triple crisis planetaria. A ello se suman problemas estructurales no resueltos, como la desigualdad, la debilidad de los partidos políticos, la limitada inclusión política de determinados grupos y la percepción creciente de la corrupción.

El encuentro concluyó con un panel de alto nivel moderado por Erika Rodríguez,  directora de la Fundación Carolina, con la participación de Susana Malcorra, ex ministra de Relaciones Exteriores de Argentina; Antón Leis, director de la AECID, y Cristian Asinelli, Vicepresidente Corporativo de Programación Estratégica CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, centrado en la necesidad de construir alianzas, reforzar capacidades estatales y renovar la legitimidad democrática desde la cooperación, la política pública y las instituciones financieras regionales. Más allá del diagnóstico, la jornada dejó una idea de fondo: que la democracia en América Latina y el Caribe necesita hoy no solo ser defendida, sino también repensada y fortalecida desde una agenda compartida de desarrollo, justicia y acción colectiva.

La presentación del Informe concluyó con unas palabras del politólogo Fernando Vallespín, patrono de la Fundación Ortega-Marañón y director de Revista de Occidente.
Fotografías: Daniel Fernández
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