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Robert Oppenheimer en Revista de Occidente

revista oppenheimer

“La necesidad de nuevos conocimientos no siempre ha sido plenamente reconocida por las autoridades, como nos lo recuerdan la historia de Adán y la leyenda de Prometeo. Siempre se ha tenido al nuevo conocimiento como destructor de la inocencia del hombre y su virtud, como una incitación al orgullo y la insubordinación y como subvertidor del orden público y el bien social. Desde luego, es culpable de todas estas imputaciones”.

Con esta reflexión comenzaba Robert Oppenheimer el artículo que publicó en abril de 1963 en Revista de Occidente. Bajo el título Necesidad de nuevos conocimientos, el físico teórico conocido como el padre de la bomba atómica por su participación en el Proyecto Manhattan desarrollaba todo un argumentario a lo largo de 17 páginas en defensa de la importancia del avance científico y los descubrimientos.

Naturaleza, belleza y conocimiento

“¿Por qué entonces buscamos nuevos conocimientos y pedimos ayuda de otros para adquirirlos?”, se pregunta Oppenheimer, a la vez que proporciona dos respuestas: “Una es que los nuevos conocimientos son útiles; la otra es que su adquisición ennoblece”. Estas dos ideas las vincula al estudio de la Naturaleza y al sentimiento de belleza que se deriva del mismo en beneficio del conocimiento. 

“Algunas partes del orden de la Naturaleza hablan maravillando al hombre; así ocurre con el cosmos, en cualquiera de los usos variables históricamente y cada vez más amplios de la palabra; así ocurre con el origen de la vida, o el proceso de la herencia o la índole de la memoria, y las otras funciones humanas superiores. Pero también aprendemos que la maravilla, y la paradoja, y el enigma, y la armonía y el orden residen en muchas cosas corrientes: en la sustancia de que está hecha la materia, en el flujo de las corrientes oceánicas, en la migración de los pájaros, en la burbuja, en la gota y el terrón”, sostiene Oppenheimer en Revista de Occidente. 

En su artículo, el físico teórico también hace alusión a la metáfora de la ciencia como un gran edificio donde todos los que trabajan en ella ponen los ladrillos, conviviendo “el falto de inspiración y desafortunado” junto al genio. Y añade: “Lo que tiene el hombre de genio, que a muchos de los demás nos falta, es el terror que llevó a Cristóbal Colón a escribir en la primera y vacía página de su cuaderno de bitácora, en el primer atardecer de su primer viaje de descubrimiento: Jesus cum Maria sit nobis in via”.

La comunicación: base de la humanidad para Oppenheimer

Además de todas las ideas que plantea en torno a la necesidad de los nuevos conocimientos, Oppenheimer da un paso más allá al valorar la importancia de acercarlos a los ciudadanos, haciéndolos partícipes de ellos. “Nunca estimaremos bastante el efecto perjudicial que sobre la índole de la vida pública ejerce el hecho de mantener una parte tan amplia del conocimiento alejada de la comprensión pública y de la conversación, sin dar a la vida común claridad, confianza, placer, belleza. La comunicación no es un lujo en nuestras vidas, sino que es la base de la humanidad”.

Este personaje, dado a conocer recientemente por la película sobre su vida dirigida por Christopher Nolan, escribía este artículo 18 años después de llevar a cabo el primer ensayo nuclear de la historia. El complejo dilema moral que enfrentó y su defensa por el progreso científico hacen de J. Robert Oppenheimer una de las figuras más determinantes del siglo XX.

Su publicación en Revista de Occidente es un documento histórico, único en publicaciones españolas, que deja entrever los pensamientos y argumentos en pos de los nuevos conocimientos de uno de los físicos teóricos más importantes de la historia.

Oppenheimer, Revista de Occidente

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Robert Oppenheimer en Revista de Occidente

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“La necesidad de nuevos conocimientos no siempre ha sido plenamente reconocida por las autoridades, como nos lo recuerdan la historia de Adán y la leyenda de Prometeo. Siempre se ha tenido al nuevo conocimiento como destructor de la inocencia del hombre y su virtud, como una incitación al orgullo y la insubordinación y como subvertidor del orden público y el bien social. Desde luego, es culpable de todas estas imputaciones”.

Con esta reflexión comenzaba Robert Oppenheimer el artículo que publicó en abril de 1963 en Revista de Occidente. Bajo el título Necesidad de nuevos conocimientos, el físico teórico conocido como el padre de la bomba atómica por su participación en el Proyecto Manhattan desarrollaba todo un argumentario a lo largo de 17 páginas en defensa de la importancia del avance científico y los descubrimientos.

Naturaleza, belleza y conocimiento

“¿Por qué entonces buscamos nuevos conocimientos y pedimos ayuda de otros para adquirirlos?”, se pregunta Oppenheimer, a la vez que proporciona dos respuestas: “Una es que los nuevos conocimientos son útiles; la otra es que su adquisición ennoblece”. Estas dos ideas las vincula al estudio de la Naturaleza y al sentimiento de belleza que se deriva del mismo en beneficio del conocimiento. 

“Algunas partes del orden de la Naturaleza hablan maravillando al hombre; así ocurre con el cosmos, en cualquiera de los usos variables históricamente y cada vez más amplios de la palabra; así ocurre con el origen de la vida, o el proceso de la herencia o la índole de la memoria, y las otras funciones humanas superiores. Pero también aprendemos que la maravilla, y la paradoja, y el enigma, y la armonía y el orden residen en muchas cosas corrientes: en la sustancia de que está hecha la materia, en el flujo de las corrientes oceánicas, en la migración de los pájaros, en la burbuja, en la gota y el terrón”, sostiene Oppenheimer en Revista de Occidente. 

En su artículo, el físico teórico también hace alusión a la metáfora de la ciencia como un gran edificio donde todos los que trabajan en ella ponen los ladrillos, conviviendo “el falto de inspiración y desafortunado” junto al genio. Y añade: “Lo que tiene el hombre de genio, que a muchos de los demás nos falta, es el terror que llevó a Cristóbal Colón a escribir en la primera y vacía página de su cuaderno de bitácora, en el primer atardecer de su primer viaje de descubrimiento: Jesus cum Maria sit nobis in via”.

La comunicación: base de la humanidad para Oppenheimer

Además de todas las ideas que plantea en torno a la necesidad de los nuevos conocimientos, Oppenheimer da un paso más allá al valorar la importancia de acercarlos a los ciudadanos, haciéndolos partícipes de ellos. “Nunca estimaremos bastante el efecto perjudicial que sobre la índole de la vida pública ejerce el hecho de mantener una parte tan amplia del conocimiento alejada de la comprensión pública y de la conversación, sin dar a la vida común claridad, confianza, placer, belleza. La comunicación no es un lujo en nuestras vidas, sino que es la base de la humanidad”.

Este personaje, dado a conocer recientemente por la película sobre su vida dirigida por Christopher Nolan, escribía este artículo 18 años después de llevar a cabo el primer ensayo nuclear de la historia. El complejo dilema moral que enfrentó y su defensa por el progreso científico hacen de J. Robert Oppenheimer una de las figuras más determinantes del siglo XX.

Su publicación en Revista de Occidente es un documento histórico, único en publicaciones españolas, que deja entrever los pensamientos y argumentos en pos de los nuevos conocimientos de uno de los físicos teóricos más importantes de la historia.

Oppenheimer, Revista de Occidente

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