Breve historia de Revista de Occidente

«En nuestros paseos por las calles de Madrid me había hablado Ortega muchas veces de la conveniencia –más bien, necesidad– de que España contara con una Revista que pusiera a los lectores españoles al corriente de las nuevas ideas, los nuevos descubrimientos científicos, los nuevos hechos sociales que en aquellos años posteriores a la primera guerra mundial comenzaban a transformar el mundo. […] Había que satisfacer esa curiosidad vital y había que hacer un alto en el camino y mirar alrededor».

Así lo recordaba Fernando Vela, quien fuera alumno y amigo de José Ortega y Gasset y primer Secretario de Redacción de Revista de Occidente, fundada en 1923, bajo la dirección del filósofo español. De éxito inmediato, sus páginas acogieron a las más descollantes figuras del pensamiento europeo: filósofos como Russell, Simmel o Scheler, sociólogos y economistas del porte de Weber o Mises o, entre los científicos, Einstein, Heisenberg o Schrödinger. Colaboraron también en la empresa historiadores como Huizinga o Curtius, psicólogos como Jung, músicos como Stravinski y renovadores de la arquitectura y el urbanismo como Le Corbusier. La cosecha literaria del siglo tuvo un lugar prominente: así Pirandello, Zweig, Faulkner, Valéry, Rilke, Mann o un entonces desconocido Kafka, cuyos relatos la revista traduce al español, adelantándose varios años al francés o al inglés. Lo más granado de la Edad de Plata en España, de Baroja a Ramón, pasando por Lorca, Machado o María Zambrano, completa un friso deslumbrante para uno de los grandes hitos intelectuales de la Europa de entreguerras.

Tras el naufragio de la Guerra Civil española, la revista renace en 1963, de la mano del editor y hombre de letras José Ortega Spottorno, hijo del filósofo. La publicación retomó con lealtad los propósitos originarios: amplitud temática, cosmopolitismo y claridad. En su segunda navegación, Revista de Occidente volvió a juntar las hebras de un conocimiento disperso por los avatares del siglo: el de los viejos maestros y el de las nuevas promociones, el que había permanecido en España y el que moraba en el exilio, el expresado en español y el difundido en otras lenguas. En la frontera de todos los saberes, la revista contribuyó a normalizar la vida intelectual en un país en estado de vigilia democrática. De esta segunda época cabe destacar la invitación a los jóvenes. Ferlosio, Martín Gaite, Matute, Umbral, Delibes, Benet o Goytisolo entre los prosistas. En poesía, asoman la generación de 1950 y los novísimos: Brines, Barral, Otero, Ángel González, Gimferrer, Valente o Espriu. Exponen sus tesis jóvenes historiadores como Fusi, Artola, Elliott o Vilar. Se incorporan como reseñistas Deaño, Amorós, Escohotado, Savater o Elorza. Coincidente con esta etapa fue la eclosión de nuevo autores latinoamericanos conocida como el Boom, que no pasó desapercibido en la redacción. Primero en la sección de Libros, luego en la de Notas y Ensayos, los nombres de Vargas Llosa, García Márquez, Cortázar, Rulfo o Fuentes se hicieron asiduos, junto con a los de Borges, Paz, Sábato, Neruda o Mistral. En esta etapa no se descuida la vocación cosmopolita: se reseñan libros de Barthes o Chomsky, se publican poemas de Ajmátova, Brecht o Cavafis y cuentos de Greene, Updike o Mishima. Buscando la pluralidad ideológica—de Althusser a Friedman, pasando por Arendt, Sontag, Foucault o Aron, y unos jóvenes Habermas y Ratzinger— la Revista cita y traduce a lo más selecto de las voces públicas del exterior, acercando sus ideas al lector hispano.

La segunda época de Revista de Occidente comprende 150 números publicados entre abril de 1963 y septiembre de 1975. La actualidad política, marcada por la llegada de la democracia a España, conquistaba crecientemente la atención del lector. Ortega Spottorno juzgó necesario abrir una nueva etapa que introdujera cambios en «contenido y continente». Dio comienzo la tercera época de la revista, cuyo diseño se encargó a Reinhard Gäde, autor de la maqueta del diario El País. Un producto de alta calidad que en plena crisis del petróleo se enfrentó a dificultades económicas que llevaron a su cierre en 1977.

La revista estrenó su cuarta etapa en abril de 1980 como resultado del empeño de Soledad Ortega Spottorno, hija del fundador y agitadora intelectual del Madrid de los ochenta, y que contó en esta nueva andadura con el mecenazgo de Juan Lladó y Gregorio Marañón y Bertrán de Lis. Hijos y nietos de los maestros de la Edad de Plata se unieron para dar savia nueva a una revista conformadora de élites democráticas. En las mismas fechas se creaba la Fundación Ortega y Gasset, fusionada en 2010 con la Fundación Gregorio Marañón. La Fundación Ortega-Marañón es hoy la editora de la revista. Soledad dirigió la revista hasta su muerte en 2007, momento en que tomó el relevo su hijo, el prestigioso historiador José Varela Ortega.

No cabe olvidar el papel difusor del talento artístico que Revista de Occidente ha desempeñado a través de sus icónicas viñetas de portada. Encargadas a veces a artistas de gran renombre (así, un Picasso) la revista ha promovido el conocimiento de jóvenes creadores: artistas como Palazuelo o Chillida y los nuevos pintores del grupo El Paso, como Canogar o Saura. Mención aparte, por su duradero vínculo con la revista, merece el caso de Maruja Mallo, la artista que más veces ha aportado su talento visual a la portada de la revista.

Las revistas culturales suelen ser empresas efímeras. No lo ha sido Revista de Occidente, que en 2023 cumplió su centenario. Los nombres de Vicente Verdú, Jaime Siles, Juan Pablo Fusi, Bernabé Sarabia, Jorge Lozano, Magdalena Mora e Ignacio Sánchez-Cámara se han ido sucediendo por la Secretaría de Redacción. Fiel a la máxima de que -en palabras de su director hasta 2023, Fernando Rodríguez-Lafuente- «divulgar no es vulgarizar», y superados ya los quinientos números de su cuarta época, Revista de Occidente sigue ofreciendo cada mes a los lectores sensibles de España y de América noticia clara y serena de «por dónde va el mundo».

«Nos dirigimos al hombre culto a quien debe importar la Filosofía y la Ciencia, el Arte y la Literatura, la Historia en la que todas las disciplinas convergen y se cruzan, y los nuevos estudios de la vida humana y social cuya decisiva importancia e inmadurez hace tan apremiantes, como sucede con la Sociología y la Economía. Creemos que no es un lujo sino una obligación para el culto el esforzarse por obtener cierta información solvente en aquellas partes de la cultura que él no frecuenta. Sobre todo, en aquellas que hoy progresan sin tregua, como la Física y la Biología». (Paulino Garagorri, Secretario de Redacción 1963-1973)